Historia

DIAGNÓSTICO Y PRONÓSTICO MUNICIPAL.

1.1 Antecedentes históricos.

Zontecomatlán significa en náhuatl “Lugar de cabezas”; sin embargo no se tienen datos precisos para determinar el por que del nombre, ya que no se encuentra con la información precisa como pueblo prehispánico.

Se infiere que “lugar de cabezas” era un sitio donde se reunían los lideres (Acolhuas, Huastecos, Mexicas y Otomíes) para el control del señorío y se relaciona con el nombre de Tzontecomatl, quien era caudillo y señor de los Acolhuas (representante de Nezahualpilli, uno de los integrantes de la triple alianza), establecido en Coatlinchan (hoy Cuautitlán), como cabecera de su señorío.

En el mismo sentido y a causa de la conquista de México Tenochtitlan, por Hernán Cortés, el 13 de Agosto de 1521, un grupo de náhuatl huyo del valle de México, hacia la Huasteca y ocupo Chicontepec y otros lugares, ese dato tiene la posibilidad de que esos inmigrantes hayan venido de Coatlinchan y al asentarse en este lugar pusieran el nombre de su nueva tierra alusivo a sus “señores” (jefes).

Durante la época colonial, la mejor referencia del lugar la proporciona la descripción del arzobispado de México, hecha en 1570 por Gaspar de Valdés, vicario del pueblo de “Hueycocotla”, el cual reporta que….” La jurisdicción de este partido [en que se incluía a Tzontecomatlan], hay tres lenguas muy diferentes en la región: el otomí que es la mayor cantidad; los mexicanos, no mas de 200 y algunos Tepehuas viviendo revueltos en cada comunidad…..”

Por lo que respecta al desarrollo de los pueblos de Zontecomatlán, las referencias históricas indican que los territorios municipales eran dotaciones emitidas por la representación española a los indios, representando su antiguo asentamiento, donde vivían dispersos, pero para lograr una efectiva sumisión de los indios, particularmente en puntos alejados de los centros de dominio hispano; así como para conseguir una efectiva cristianización de los mismos, se acordó en el año de 1546 ordenar la congregación de los indígenas. En la Huasteca fue hasta el año de 1573 cuando realmente se empezaron a llevar a efecto estas congregaciones.

A partir de 1891, Zontecomatlán, deja de pertenecer a la jurisdicción de Huayacocotla, y es elevado a municipio, con los límites que actualmente se le conocen.

Los grupos étnicos que se mencionaron desde la colonia aun existen, aunque en diferentes proporciones; pues en tiempos de la colonia española, los otomíes eran la mayoría; hoy son los náhuatl los que representan la mayor proporción de población en este municipio y en segundo, lo ocupan los Tepehuas. Con ello el municipio conserva el carácter eminentemente étnico.

ZONTECOMATLAN DE LÓPEZ Y FUENTES VERACRUZ. Colinda al Norte con el estado de Hidalgo, al Noreste con el municipio Benito Juárez, al Sureste con el municipio de Tlachichilco, al Sur con el municipio de Texcatepec, al Suroeste con el municipio Huayacocotla, al Oeste con el Estado de Hidalgo y al Noroeste con el municipio de Ilamatlan.

1.2 Extensión territorial

Tiene una superficie de 216.33 Km2. Cifra que representa un 0.30% total del Estado.

Se encuentra ubicado en la zona norte del Estado, en las coordenadas 20° 46’ latitud norte y 98° 20’ longitud oeste, a una altura de 500 metros sobre el nivel del mar. Limita al norte con el Estado de Hidalgo, al noreste con Benito Juárez, y al sur con Texcatepec. Su distancia aproximada de la cabecera municipal al noroeste de la capital del Estado, por carretera es de 19 Km.

1.3 Orografía

El municipio se encuentra situado en la zona norte del estado, en la parte montañosa de la Huasteca, siendo su suelo bastante accidentado.

El municipio de Zontecomatlán, corresponde a la provincia fisiográfica de la sierra madre oriental y a la sub-provincia Carso Huasteco, que consiste fundamentalmente en una cadena montañosa conformada por rocas sedimentarias, como calizas. Areniscas y lutitas fuertemente deformadas, con edades que van del triasico, jurasico, cretácico y terciario.

La cadena montañosa presenta una topografía accidentada como ya se había mencionado con anterioridad con una amplia variedad de altitudes sobre el nivel del mar que van del este al oeste empezando desde los 200 metros sobre nivel del mar con lomeríos con pendiente de 15 a 70%, en los limites con el municipio de Tlachichilco, a orillas del rió Vinazco; seguidos por otros pronunciados en la parte mas alta de la serranía que alcanzan hasta los 1,800 metros sobre nivel del mar, en sus limites con el municipio de Huayacocotla, la cabecera municipal se sitúa a una altitud de 500 metros sobre nivel de mar los abruptos del terreno provocan dos importantes cañadas; rió de Zontecomatlán y Rió Xilotla, presentando pendientes del 40 al 100%. La diversidad topográfica accidentada y la composición de sus suelos nos visualiza alteraciones ecológicas, como es la erosión y las prácticas culturales llevadas en sus cultivos.

1.4 Reseña histórica

1.5 El origen.

En su origen fue aldea de Huayacocotla, al extinguirse en 1891 el municipio de Texcatepec se anexó la congregación de Tzincatlán a Zontecomatlán; Por el decreto del 20 de agosto de 1980, se estableció la denominación del municipio, Zontecomatlán de López y Fuentes.

1.6 Personajes Ilustres

Gregorio López y fuentes, novelista, periodista. Entre sus obras destacan El Indio, Huasteca y Cartas de Niños Sobre Campo y la Ciudad, nació en la Hacienda de El Mamey, municipio de Zontecomatlán.

Fue el primer Premio Nacional de Literatura, Gregorio López y Fuentes, en 1935 (por su novela El indio), con los años decayó en el gusto de público y critico, y en las últimas décadas ha terminado por ser olvidado. Sin embargo, eso no significa que carezca de valor literario; por el contrario, el estilo periodístico de este autor (fue muchos años director de El Universal) tiene en su favor un apego sincero y emocionado a las cosas de la tierra, a las raíces de México

Ciento tres años atrás, en El Mamey, rancho perdido de la Huasteca veracruzana cercano a Zontecomatlán, vino al mundo este hijo de campesinos y comerciantes.

Su educación en el rancho fue raquítica, característica de nuestros mestizos pobres. Gracias al producto de la pequeña tienda de su padre realizó sus estudios en Chicontepec y, posteriormente, en la Escuela Nacional de Maestros de la ciudad de México. Como estudiante le tocó vivir tiempos aciagos, de asonadas militares e invasiones extranjeras; de tal modo que, junto con otros estudiantes de la Escuela Normal, se lanzó a Veracruz a combatir contra las fuerzas estadounidenses. Aquello sucedió en 1914; poco después se vinculó a las huestes carrancistas. Al estallar el conflicto entre Villa y Carranza regresa a la ciudad de México, dedicándole mayor atención al periodismo y a la literatura.

En El Universal Gráfico redactó cotidianamente una columna que tuvo mucha resonancia entre los lectores de la época: “La novela diaria de la vida real”. En esta columna novelaba las noticias del día, abordando los más diversos temas. Este ejercicio apresurado y un tanto balada, desarrolló en él un fino olfato para captar el trasfondo histórico que se ocultaba tras noticias y anécdotas de poca sustancia. De ahí sus cualidades para captar, a partir de los detalles cotidianos, el trasfondo histórico.

Hacia 1924, el joven Gregorio dedicaba sus afanes a la poesía. Poco después se inclinó por la narrativa, recreando con espíritu épico sus vivencias revolucionarias. El vagabundo (1922), su primera novela, apareció en la revista El Universal Ilustrado por entregas, como las viejas publicaciones folletinescas. Dos años después edita El alma del poblacho (1924), que muestra mayor oficio y que, sin embargo, carece aún de estilo propio. Estas novelas retratan el México rural -tan entrañable para el autor-.

Pertenece a la segunda generación de escritores del ciclo de la novela de la revolución; su sello característico es el retrato de la revolución en movimiento, de los campamentos y ejércitos en panorámica; describe a grandes trazos, en cuadros plenos de expresividad plástica, y subrayando detalles que pasaron inadvertidos a otros narradores del ciclo.

Cuatro novelas conforman su periodo creativo de mayor calidad: Campamento (1931), Tierra (1932), ¡Mi general! (1934) y El indio (1935). En ellas revela aspectos dramáticos y sociológicos de la vida campesina de principios del siglo XX. La narración coral, que atinadamente cultivó, les dio durante mucho tiempo un prestigio sólido, quizá porque se trataba de retratos colectivos que en aquel tiempo sintetizaron la estática de la literatura comprometida.

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